lunes, 19 de enero de 2015

Los secretos de Zoe: Capítulo 2

La expresión de Clara era evidente, podía ser examinada hasta por una persona bastante atolondrada o distraída, o inclusive por alguien incapaz de leer la gesticulación o las expresiones: le gustaba el mozo. Mejor dicho, le encantaba el mozo. Zoe, por su parte, lo miró de arriba a abajo por unos segundos con suma cautela, y volvió sus ojos a la mesa en la cual se encontraba sentada con su mejor amiga en cuanto el chico alzó su vista para tomar el pedido de ambas. Su mirada se fijó en el par de chicas, expectante.
- ¿Qué van a pedir, chicas? Díganme que voy anotando... - preguntó, mientras aferraba la pequeña libreta y la lapicera de tinte azul entre sus manos, muy determinado a completar su tarea.
- Mmm... yo... yo creo que voy a pedir un licuado de frutilla, por favor - titubeó la rubia, pero optó por acabar la frase con una sonrisa, para evadir su notorio nerviosismo. Él, devolvió la sonrisa, conforme.
- Yo quiero un exprimido de naranja y durazno, por favor. Gracias - explicó Zoe, sin más. Si bien el rostro de el mozo le parecía lo suficientemente atractivo (pues poseía una gran sonrisa que dejaba ver unos enternecedores hoyuelos) , creyó que no habría tal necesidad de estar embobada. Zoe era... un poco extraña, en cuanto a gustos. Su personalidad era particular, única. Razón por la cual no podría babear por cualquier chico común y corriente en absoluto. Le gustaba lo auténtico, lo extraño, inclusive lo excéntrico... si bien era un poco sencilla, su alma estaba llena de secretos y sentimientos totalmente puros. Y aunque suene como un gran y estúpido cliché, sí, ella era diferente al resto. Mágica, tal vez. O sorprendente. Quién sabe...
- ¿Vos viste la cara de ese pibe? ¿Lo viste? Boluda por poco y...
- Sí, lo vi. Y estás re babosa - interrumpió Zoe, y soltó una risita.
- Es que, ¿lo viste? ¡No da más!
- Mmm... no... - comenzó a retrucar la morocha, torciendo su boca hacia el costado derecho de su rostro - honestamente no me parece la 'gran' cosa.
- Ay... boluda... a mí me encanta - Clara volteó su rostro haciendo que su cabello se sacuda a la par, y divisó al mozo que estaba de espaldas, en la barra. Mordió sutilmente su labio inferior. El uniforme de el muchacho era una camisa color celeste cielo, tal cual la pared con fotos hermosas que el bar poseía. Debajo, un pantalón considerablemente elegante de color negro, y llevaba unas zapatillas marca Vans, que eran bastante llamativas por su tamaño, color blanco con algunos pequeños detalles en gris y otros en negro. En cuanto se dio vuelta, se pudo observar el pequeño cartel que llevaba colgando de el bolsillo de la hermosa camisa: decía 'Leandro'.
- ¡Se llama Leandro! - exclamó Clari, algo emocionada por tener un dato más de el morocho: su nombre.
- Sí, Clari, lo leí mientras a vos te chorreaba la baba de la boca... - replicó su amiga, riendo por cómo se divertía por la atracción que la otra sentía.
- Bueno, che... no puedo evitarlo - respondió, riendo.

Ambas amigas charlaron haciendo comentarios cortos y poco hincapié, durante un poco más de 5 minutos de variedad de temas: las materias que debían rendir en febrero y marzo, cómo se iba llenando cada vez más el café bar en el cual se encontraban, Leandro, el ex novio de Zoe, y las ganas que tenían de ir a la playa juntas -aunque sea unos días-. En cuanto estaban haciendo un intercambio de opiniones sobre las materias que rindieron y debían rendir, fueron interrumpidas por un mozo diferente: traía el pedido de las dos.
- ¡Gracias! - respondieron las dos, al unísono. Y en cuanto el muchacho se fue, voltearon a mirarse fijamente a los ojos, y la rubia alzó las cejas. ¿Qué habría ocurrido con Leandro? Y si él tomó su orden, ¿por qué no había sido él quien la habría entregado? Estas preguntas se hacían, cuestionando una que otra razón.
- La verdad... ni idea. No sé. Supongo que estará ocupado entregando otro pedido, o algo así. No se me ocurre... - explicó Zoe, sin darle demasiada importancia al tema. Lo cierto es que no le interesaba tanto quién traía las bebidas, sino simplemente tenerlas en mano y poder disfrutarlas plácidamente. Y así lo hizo, tomando el fino sorbete entre sus dedos y apretando sus labios contra él, dando algunos sorbos a su exprimido.
Clara, fruncía el ceño, no podía comprender la situación. Pero trataba de relajarse. A veces no comprendía por qué se obsesionaba tanto con temas fortuitos o que estaban fuera de su alcance. Era absurdo en su completud... pero la verdad era que cuando las cosas no salían perfectas tal cual las imaginaba o las planeaba: se rompían todos sus esquemas - Yo tampoco tengo idea. Pero bueno. No sé. ¿Y si...? No. Dejá. No sé - decía, sin completar ninguna frase en absoluto, negada. Observó a su amiga estar bebiendo su exprimido, y la imitó. Los licuados de frutilla le encantaban, así que se centró en disfrutar de eso y dejar de pensar tanto.
Las amigas dejaron pasar el tema del cual habían estado hablando y continuaron sus charlas interminables de cualquier tema y sin otro objetivo que reírse un rato. Se las veía felices, sonriendo, disfrutando. Y así continuaron, hasta que ambas bebidas se acabaron y el tiempo seguía corriendo. Se decidieron por ir cada una a sus respectivas casas, para seguir con un poco de estudio y hacer alguna otra cosa; mañana se juntarían nuevamente a almorzar o a hacer alguna otra cosa, tal cual y como siempre.
Zoe abrió una aplicación en su celular llamada 'Piano Tiles', le quitó el sonido y pasó a divertirse intentando ganar ese juego. Clara, se quedó observando a la barra... esperando divisar a algún mozo para pedir la cuenta. Y allí, lo vió: Leandro. Cruzaron miradas. La hermosa rubia le hizo una leve seña que daba a entender que estaba pidiendo por el total a pagar, y este respondió asintiendo con su cabeza. Clara sonrió para sus adentros. Luego de unos minutos, Leandro se acercó a la mesa sin el uniforme: habían dado las ocho y media de la noche, y el turno cambiaba. Ahora, llevaba puesto un pantalón ancho y grande, mucho más grande de lo normal en color negro azabache, una musculosa que le llegaba prácticamente a las rodillas en color rojo con un estampado bastante lindo en el medio, y las mismas zapatillas que utilizaba con anterioridad. En la mano tenía dos cosas: en la derecha, una gorra color gris con una frase o palabra que no podía ser bien distinguida desde lejos, y en la izquierda un pequeño papel en forma de rectángulo. Se encaminó hacia la mesa de las mejores amigas, y en cuanto llegó, los tres cruzaron miradas. Un silencio se apoderó de ellos por unos segundos, hasta que Leandro lo irrumpió diciendo: - Acá está la cuenta... - y observó a Zoe fijamente, y luego a Clara, de la misma manera. Dejó el pequeño papel blanco sobre la mesa, cerca de Zoe. Ambas chicas pagaron su parte, el mozo dejó el dinero en la caja rápidamente y se alejó dando varios pasos hacia la puerta. Los ojos de la morocha brillaron insistentemente, y observaron a su amiga.
- Tiene que ser joda. No puede ser tan hermoso este chabón... - explicó Zoe, aún asombrada por su vestimenta y la onda relajada que tenía. Parecía totalmente extraño, y estaba comenzando a fantasear con que tenía una hermosa personalidad, y era totalmente perfecto en todo aspecto y sentido.
- ¿Qué? Es un asco. Pensé que era lindo. ¿Cómo se puede vestir así, boluda? Si ese fuera mi hijo... - comentó Clara, desconcertada. Hacía cara de asco o o repugnancia, recordando las prendas que llevaba puestas, una por una. No lo podía creer.
- Boluda, es un tremendo complemento que sea original y que no sea igual a todos. A mí me encanta. ¿Y viste como me miró? - sus pupilas se dilataban a la par que decía cada palabra, totalmente emocionada.
Clara asintió, restándole importancia al asunto. Zoe continuó hablando de el chico y lo que le parecía, las cosas con las cuales estaba fantaseando, mientras tomaba el papel de la cuenta entre sus manos y lo guardaba en su bolsillo. Continuaron parloteando un poco hasta que el padre de Clara llegó en su camioneta y la recogió a ella para llevarla a su casa, y la morocha sólo se dispuso a caminar para llegar a su hogar. Mientras lo hacía, fue a mirar nuevamente el pequeño papel que se les había dado a ambas y ella había guardado, y vio algo anotado allí: "Leandro 15504806", pudo divisar... junto con una pequeña carita feliz a su lado. ''¿QUÉ?'' pensó Zoe en su interior, y su corazón comenzó a laterle mucho más fuerte que lo normal, parecía que golpeaba continuamente su pecho intentando escapar de allí. Lo cual era imposible, porque el corazón era un simple órgano, pero no podía controlar sus nervios y su emoción. Comenzó a dar pasos mucho más rápidos y casi a trotar en el medio de la calle, esperando que las pocas cuadras que separaban al bar de su casa pasaran rápidamente. En cuanto llegó allí, abrió la puerta rápidamente y se adentró a su casa, se tiró en un sillón, conectó el wifi y escribió un mensaje en Whatsapp: "Hola, te conocí en el bar..." y optó por poner una carita sonriente, recordando que él había hecho lo mismo en el papel.

Continuará...

jueves, 15 de enero de 2015

Reflexión de jueves

Yo, Iara
Hago un compromiso conmigo misma. 
De pasar más tiempo tratando de mejorarme a mí y a mi vida sin buscar tiempo para preocuparme, juzgarme, criticar, quejarme y alegar. De perdonar, dejar de lado y soltar cualquier lucha del pasado y permitir que cada desafío en mi vida sea enviado a mi vida para hacerla mejor y no más amarga. A partir de ahora, hago el compromiso de dejar las cosas que ya pasaron de lado y comenzar a apreciar lo que está presente en mi vida y constantemente cambiar el foco de las cosas malas a cosas buenas. A hacer un espacio en mi corazón para el amor, la felicidad, la paz, y la tranquilidad y crear mi vida a partir de un lugar con infinitas opciones y posibilidades (el momento presente) y nunca más aferrarme a mis limitaciones (el pasado).  Me comprometo a dejar de lado cualquier pensamiento tóxico y relaciones tóxicas pero nunca dejarme a mí de lado ni a mis sueños. A partir de ahora y a partir de hoy, comenzaré a reconstruir mi vida y hacerla ridículamente más emocionante. 
Sinceramente, 
Iara. 

P.D: Los invito a cambiar mi nombre de la carta y utilizar el suyo, para que publiquen la carta en sus blogs, diarios íntimos, diarios digitales, cuadernos, etc. El cambio está en nosotros. 

-@muyfracasada 

lunes, 12 de enero de 2015

Los secretos de Zoe: Capítulo 1

"No sé... pero la verdad que estoy cansada de sentirme así. Quiero que haya un cambio mi vida, que todo de un giro de 360 grados, que pase algo estupendo y espectacular. No soporto más la monotonía. Todos los días me levanto, me peino y me aliso un poco el pelo con la planchita los días de humedad o en que mis rulos parecen tener vida propia, me cambio, me voy al colegio, regreso del colegio, me acuesto a dormir una siesta corta, me voy a natación, me tomo una Coca-cola con mis amigas en el club, vuelvo, escribo acá alguna boludez que me haya pasado, ceno con mi familia, algún que otro día peleo con mi mamá porque todos los días se le antoja estar insoportable, me acuesto a dormir. Y se repite. Parece que esto no tiene fin en absoluto. No le veo nada interesante. Por más que hago actividades como fantasear y escribir historias, por más que me junte con las chicas algún que otro día... parece que siempre va a ser lo mismo mi vida. Y no. No quiero que sea así. Tengo sueños, metas, necesito que pase algo interesante..." tipeaba en su computadora, algo desconcertada, Zoe Aparicio, que con sus 17 años no soportaba esa rutina sin fin que llamaba vida. Sus finos dedos chocaban contra el teclado de forma rápida y concisa, y casi no tenía algún error ni mucho menos cometía faltas de ortografía. Hacía dos años que escribía toda su vida en un blog del que prácticamente nadie sabía, pues alguna vez se lo había mencionado como un comentario aislado a su amiga más íntima: Clara. Ella era su principal confidente desde que tenían 13 años, cuando se conocieron al comienzo de secundaria en el colegio San Andrés, al cual Zoe se había cambiado por motivos de conveniencia, ya que junto a sus padres se mudaban a una casa un poco más acogedora, y que se ajustaba a sus disposiciones económicas. Desde allí, se habían vuelto casi inseparables. Compartían algunos gustos, se llevaban perfectamente, aunque con sus obvias y humanas diferencias. Ambas poseían una vida bastante mediocre y casual: no salían demasiado, se juntaban las dos para ir a algún bar cercano al barrio para merendar y hacer un par de chistes, rendían un par de materias en verano, asistían a un colegio el cual estaba compuesto por grandes grupos de amigos, se juntaban con las chicas de natación en el club los miércoles y jueves, y ambas estaban muy aburridas de su mediocridad. "Todo esto tiene que cambiar algún día" dijeron ambas, expresando sus sentimientos más profundos, algún día en una pijamada de dos que habían decidido organizar para mirar películas y comer pochoclos. Y desde aquel día, esperan algún suceso importante o enloquecedor... pero es lo que menos ha de suceder. Hasta ahora.

El celular de Zoe sonó, de manera ensordecedora. No funcionaba correctamente después de los descuidos de la muchacha, era demasiado atolondrada y olvidadiza... nunca podía sostenerlo con pretensión de resguardarlo demasiado ni recordaba dónde había estado, razón por la cual cuando lo buscaba en su cama por las mañanas, volaba de entre las sábanas para caer en el piso. Era, más o menos, parte de su vida diaria. No podría evitarlo. Zoe lo tomó entre sus manos y decidió atender, sabiendo qué voz estaba a punto de escuchar.
- ¡Ya te llamé al rededor de 5 veces, nena! ¿Dónde estás metida?
- Uh, no. Estoy podrida de este teléfono, te juro. Tanto caerse, ahora cuando el ringtone suena re fuerte, pero nunca entran bien las llamadas teléfonicas. El mundo debe pensar que cambié de número o algo así - expresó, pero se retractó luego de unos segundos - bah, si igual no me llaman muchas personas que vos y las chicas - dijo, entre risas.
- ¡Tenés razón! - dijo Clara, correspondiendo con una risita dulce - ¿Podemos hacer algo hoy?
- ¡Sí! No hay problema. Mamá me dijo que abrió un bar a un par de cuadras, hace dos semanas. Tenía ganas de ir. Si querés podemos pasar a tomar nuestros exprimidos de siempre, y ver qué onda.
- ¡Genial! Qué suerte que haya uno todavía más cerca. Le digo a papá si me puede llevar en auto hasta tu casa, y de ahí caminamos.
- Genial, amiga. Dale. Nos vemos.
- Dale, en 15 minutos seguro estoy.

Y así acababa la llamada de telefónicas ambas amigas, las cuales estaban entusiasmadas por algo medianamente nuevo qué experimentar. Clara dejó su celular cuidadosamente sobre su pequeña mesa de luz, y acto seguido, corrió a su guardarropas para encontrar un look tranquilo y casual, decidiéndose así por un short de jean, una remera con ananás y un fondo color verde agua, y sus zapatillas Vans. Zoe, por su parte, hizo volar su celular para que vaya a parar a su cama, y se acercó a paso lento a su placard, que estaba bastante sobrecargado con prendas de todo tipo. Eligió no lo primero que encontró, pero si algo lindo y relajado que pudo divisar tras buscar poco: una musculosa negra con un estampado de una frase color blanco en inglés, un short de jean claro, y sus John Foos color negras, haciendo juego. Ambas amigas se encontraron tal cual lo habían predispuesto, y partieron desde la casa de Zoe a paso normal, charlando un poco y mirando al cielo. A las siete y media de la tarde, Mar del Plata estaba hermoso. No hacía mucho calor, corría un poco de aire y el sol comenzaba a bajar paulatinamente. Un clima completamente agradable. 
El bar nuevo era realmente hermoso, al menos desde afuera. Se escuchaba música moderna a un volumen medio, las paredes eran de color beige por fuera, y lo adornaba un cartel bastante grande que decía "Utopía". Utopía... Utopía...
- ¿Qué significa Utopía, Clari? - le preguntó Zoe a su amiga, dudosa. Clara era bastante aplicada y correcta, de tez blanca, con unos ojos hermosos y redondos, de color verde oscuro (aunque a veces aclarecían depende del día y la luz), y una mirada totalmente penetrante. Hacía más de 12 años que tomaba clases de ballet, por lo cual tenía un cuerpo bastante estilizado. No era necesariamente buena en la escuela, eso no le interesaba demasiado, pero sí optaba por ser una persona culta y leía bastante, charlaba con sus papás para que la guíen y la informen... por lo cual, su vocabulario era bastante amplio. Un poco bastante más que el de Zoe, quien era una chica más sencilla y que no se preocupaba tanto por el futuro, sino que sólo vivía en paz. O eso creía ella...
- Una utopía es algo que es perfecto - comenzó a responder la joven, mientras abrían la puerta del lugar y comenzaban a adentrarse a él - pero que también es completamente inalcanzable. Es algo que podes ver que sería lo ideal, pero que no existen medios por los cuales puedas alcanzarlo. En historia, hace un par de años, vimos a los 'socialista utópicos', eran...
Clara automáticamente cerró su boca cuando vio el lugar, y dirigió esos ojos verdes y enormes a su amiga. Zoe se encontraba cabizbaja observando algunos tweets en su celular, pero cuando elevó su mirada y echó un vistazo al nuevo bar, inmediatamente se dirigió a su amiga. Por dentro las paredes eran blancas, pero una en especial era color celeste claro: y poseía varios cuadros de artistas y personas famosas en color blanco y negro, que le daban un toque muy especial al aspecto de "Utopía". Había bastante gente como para ser un lugar que había abierto hace dos semanas, para ser honestos. Las mesas redondas eran de madera, y las sillas hacían juego junto con ellas. Había una barra en la cual atendían chicos y chicas bastante jóvenes, de 20 a 25 años. Varias mesas se encontraban ocupadas por adolescentes con uniformes, alguna que otra por personas un poco más mayores, y en general sólo eran grupos de adolescentes que se reunían a tomar una cerveza o un licuado. Las bocas de ambas chicas se entreabieron un poco, asombradas, y decidieron comenzar a caminar para no estar detenidas por demasiado tiempo frente a la puerta de entrada. Se sentaron en una mesa no muy alejada de un ventanal grande, y algo próxima a la barra.
- Boluda, este lugar es genial. Al menos eso parece... - dijo, aún algo asombrada y mirando para ambos lados, Clara.
Zoe, inconscientemente, se tomó bastante tiempo para responder. A su padre solía gustarle mucho los Rolling Stones, y había un cuadro de una foto muy linda de ellos en la pared color celeste, ya mencionada. Se sumergió en esa fotografía, y en cuánto le habría agradado a su padre este lugar.
- ¿En que estás colga...
- En nada, nada - explicó Zoe, y movió su cabeza de lado a lado junto con su cabellera morocha, tratando de deshacerse de recuerdos tristes... y algunos otros, felices. Volvió los ojos a su amiga, que aún demostraba entusiasmo, y esbozó una sonrisa - Sí, honestamente está muy bueno... creo que tenemos que venir más seguido. Parece bastante moderno y algo que nos viene bien.
- Sí, es como mil veces mejor que el buffet de nuestro club... - dijo Clari, y rió durante algunos segundos. Le pareció graciosa la comparación, ya que el buffet de el club en el cual asistían ambas a natación, era de menor tamaño y con paredes mucho más aburridas.
- Sí, mal, boluda. Aunque igual, mientras estemos con las chicas o juntas, creo que podemos sentarnos a tomar exprimidos en el medio de la calle que igual la vamos a pasar genial... - dijo, con sinceridad, y también rió. Clara respondió con una sonrisa.
Seguido a esto, se acercó uno de los chicos que atendía en el lugar. Era alto, castaño claro, con una sonrisa que hacía que todo el lugar se iluminara... ¿y por qué no? También, temblara. Así temblaron las manos de Clara al verlo parado frente a su mesa, cabizbajo, anotando algo en una pequeña libreta que poseía. Zoe miró a Clara y notó su cara.

Continuará...

domingo, 11 de enero de 2015

Celos

Celos. No sé ni cuántos tipos de celos hay en la vida, pero he experimentado dos diferentes de parte de dos parejas distintas: celos destructivos, y celos tiernos. Supongo que inclusive los celos destructivos tienen una pizca de lindura en cierto punto, aunque suene bastante increíble decirlo. Y estúpido. ¿Por qué? Porque cuando nos celan, sentimos que nos quieren sólo y únicamente para ellos. ¿Y qué más hermoso que eso? ¿Hay algo más dulce que nos hagan darnos cuenta que valemos algo, aunque sea para esa persona en específico? No sólo que vales, sino que también importas. Que sos posiblemente única. Que no sos mediocre, porque sino no habrían escenitas de celos de por medio. Aunque todas deberíamos reconocer nuestro valor sin necesidad de una pareja, la verdad es que es que esos sentimientos tontos florecen en nuestro interior por sí solos, y son bastante difíciles de evitar. ¿Y quién querría evitarlo? Si aunque fuere por lo que fuere, amamos sentirnos amados. Yo reconozco que los celos son innecesarios, y que sólo le deberíamos dar lugar a los celos dulces, y hermosos... que terminan en sonrisas, en abrazos, en un "soy completamente tuya"... pero bueno, soy totalmente capaz de reconocer que en la mera soledad y con una baja autoestima, cualquier tipo de escenita celosa, nos hace sentir bien. Y es normal. No es como tiene que ser siempre. No podemos vivir así. Pero es normal. Es normal sentirlo. Sin embargo, no hay que permitirnos estar con una pareja que nos quita la libertad y que es celosa de cualquier movimiento que hacemos o cualquier decisión que tomamos. Nos quita el espíritu. Los celos destructivos arruinan la relación, arruinan los sentimientos de amor porque sólo hacen que el corazón se vuelva opaco y frío. Infunde miedo, terror. Haces o dejás de hacer para que esa persona no se enoje, no piense de la nada misma que lo engañas, no se haga la cabeza. Los celos destructivos entorpecen la paz. Las persona se vuelve obsesiva y enloquece un poco, inclusive a veces prohibiéndote estar con tus amistades más cercanas, no permitiéndote que salgas a recorrer o conocer nuevos lugares, quitando el espacio y la independencia propia. E inclusive esos celos pueden convertirse en violencia de género, en ira, en golpes, en peleas horrendas cada día. Hay que tener cuidado y saber que valemos más que cualquier hombre.

-@muyfracasada

jueves, 8 de enero de 2015

Liberarnos

Qué feo que es. Espantoso. Hasta a veces me tiemblan las manos cuando me miran muy fijo. Y cada paso que doy, cada elección que hago, cada cosa que publico, cada cosa que digo... es un poco dudosa. Dudosa por miedos, por inseguridades, por una pequeña verguenza que crece de mí, por el 'qué dirán'. Porque ya no puedo hacer nada en paz, ni decir nada tal cual lo quiero... por miedo. Bueno, me corrijo... en realidad, esto sucede por momentos. En general, yo, soy una persona que no tiene pelos en la lengua para hablar... pero hay varios momentos en los cuales siento mucho nerviosismo con la opinión de los demás, y la verdad es que los comentarios despectivos, lindos o no tanto de los demás me afectan a tal punto que pueden llegar a controlar muchas cosas de las que hago o digo. ¿Es estúpido? Sí. ¿Trabajo en ello? Sí, por suerte sí. Si bien en varios momentos dependo mucho de la opinión general de los demás, llega un momento en que me destapo por completo y soy yo misma. Porque me canso. Me canso de estar pendiente, de leer, de estar queriendo escuchar o descifrar qué carajo están pensando los demás de lo que llevo puesto o de el chiste que acabo de decir. Y eso deberíamos (o deberían, mejor dicho) hacer todas. Es normal sentir, cuando tenemos baja autoestima, esa presión social. Que en realidad, ni siquiera es una presión... porque nosotros no estamos hechos para complacer al resto, estamos hechos para hacer un bien en el mundo y para ser felices, por ende: no es una presión que la sociedad ejerce, sólo es la mierda que tiran. Pero de ninguna manera podemos dejar que esa sensación nos controle. No podemos redimirnos y vivir en base al ojo del resto, debemos vivir nuestra vida (que por algo es nuestra) de la mejor manera que sepamos, encontremos, aprendamos y como más nos guste. No hay nada más liberador que decir todo lo que pensamos, que ser sincero, que ser completamente honesto, que vestirnos como más nos gusta, que escuchar la música que endulza tus oídos, que reírse a carcajadas cuando algo te causa, que ponerte la remera que más te gustó pero que te dio miedo usar, que bailar como si nadie estuviera mirando, que sentirnos nosotros. Porque sentirse uno mismo es sentirse completo. Hay que liberarse de los estereotipos, olvidar en su completud lo que los demás están esperando que seamos y optar por lo que nosotros queremos ser. Sea lo que sea, te va a hacer feliz. Y eso que nos hace feliz, tenemos que hacerlo... tenemos que luchar, insistir en lo que nos hace bien, en lo que nos hace sentir libres. Hay que buscar dentro nuestro esa cosa que nos encanta, que nos fascina, que adoranos. Hay que seguir nuestras pasiones y luchar por nuestros sueños. Siempre. Porque para eso estamos vivos.

-@muyfracasada